Reconeixement mutu

 

La il·lustració és de E.-C. Ricart, per a l'Odissea d'en Riba.


Pietro Citati. Ulises y la Odisea. Traducció de José Luis Gil Aristu. Galaxia Gutenberg, 2008. P. 250-251.


A la Odisea llegan las últimas y debilísimas luces de la edad de oro, cuando los dioses, los hombres y los animales vivían juntos y se entendían. Argo vive ya en un mundo humanizado; al igual que Eumeo, es fiel a Ulises, siente la devoción del siervo perfecto, y su nostalgia por el amo es tan intensa como la de Ulises por su patria. Pero posee dones que han perdido los modernos humanos. Los perros de Eumeo notaban físicamente la presencia de lo divino, que Telémaco no percibía. También Argo está dotado, sin duda, de la misma percepción; es una seguridad de sensaciones, una intuición de lo 'otro', sobre la cual se fundaba la ciencia arcaica de las relaciones entre los dioses, los hombres, los animales y las cosas. Él es el único de toda la Odisea que reconoce a Ulises nada más verle, sin necesidad de pruebas ni señales, tan desesperadamente requeridas por los seres humanos. No hay Laertes ni Penélope que vivan tan cerca del cuerpo y el corazón de Ulises.

Cuando Ulises ve a Argo tendido en el estiércol, se percibe a sí mismo; está degradado, igual que su perro, con la piel ajada, el manto harapiento, las alforjas de un mendigo; y tal vez no vuelva a sentarse en el trono de su patria. Mientras lo llora, se compadece de él. El reconocimiento es doble: también él reconoce a Argo transformado por el paso de los años. Eumeo no se da cuenta de nada: no entiende; está excluido del diálogo secreto entre el amo y su perro que se reanuda y concluye después de veinte años.


Comentaris

Entrades populars