Les metamorfosis, amb permís d'Ovidi

La selva dei suicidi, Priamo della Quercia, segle XV


ÁNGEL CRESPO
Dante y su obra. Acantilado, 1999. P. 127-138


Al lado de Virgilio, guía y maestro de Dante, el poeta de la antigüedad que más presente se hace en la Comedia es Ovidio, el autor de las Metamorfosis, poema de aspiración cosmogónica en cuyos 12.086 versos se cuentan alrededor de doscientas cincuenta fábulas, cada una de ellas con varios personajes. En los 14.233 versos de la Comedia aparecen alrededor de unos quinientos. Su elevado número y la frecuencia de las metamorfosis, consecuencias de su vida y de la intervención de la divinidad, son características comunes a ambos grandes poemas. Por eso, y disintiendo matizadamente de Curtius, no estamos de acuerdo en que Dante consultase el poema ovidiano únicamente porque representase para los medievales el «¿Quién es quién?» de la antigüedad, y mucho menos con su afirmación de que «Dante embellece algunos episodios del Infierno con transformaciones en las que trata de superar a Ovidio». Las metamorfosis, efectivamente, existen, y también es cierto que el poeta toscano trata de superar a su predecesor, pero esas transformaciones no se limitan a embellecer algunos cantos de la primera cantiga, sino que influyen poderosamente en el sentido y estructura de toda la obra.

Por otra parte, la Comedia está, por así decirlo, «empedrada» de referencias a personajes metamorfoseados que ponen en claro la impregnación de todo el poema por la idea de la transformación. Lejos de hacer un catálogo completo de los mismos, nos referiremos a los que consideramos más notables, empezando por el Infierno, en el que se habla de Caribdis, convertida en arrecife; de Medusa, cuyo cabello se transformó en una madeja de serpientes; de Tiresias que cambió dos veces de sexo; de Sabelo y Nasidio, personajes de Lucano horriblemente deformados por picaduras de serpientes; del pueblo egineta, restaurado mediante la conversión de las hormigas en hombres; de Mirra, en fin, y de Narciso, cuyas metamorfosis son bien conocidas.

[...] LAS METAMORFOSIS REGRESIVAS DE LOS CONDENADOS

Para seguir el orden del poema, empezaremos por ocuparnos de las metamorfosis regresivas de los precitos. Éstos pueden convertirse en monstruos, en animales, en vegetales, en minerales y en cuasiminerales. Veamos algunos de los casos descritos por Dante, empezando por la categoría de los monstruos. En Inf., XX, 10 y ss., se describe el aspecto de las sombras de los adivinos:


Cuando bajé la vista, vi al momento
vueltos estar maravillosamente
desde do el cuello tiene nacimiento;
a su espalda miraba aquella gente
y marchar hacia atrás les convenía,
pues no podían divisar de frente.


Y, poco más adelante, el poeta dice que aquellas sombras bañaban con sus lágrimas sus propias nalgas y que sus pechos se habían convertido en espaldas.

En Inf. XXV, describe Dante un tormento, el de los ladrones, consistente en una serie ininterrumpida de transformaciones animalescas.

[...] Como ejemplo de metamorfosis vegetal, recordaremos la del poeta siciliano Pier delle Vigne. Dante y Virgilio caminan por el bosque del recinto segundo del círculo séptimo y el discípulo, tras dar cuenta de unas palabras del maestro, prosigue:


Me rodeaban voces dolorosas
y no veía a nadie que las diese;
me detuve con ansias temerosas.
Yo creo que él creyó que yo creyese
que una gente exhalaba los lamentos
que, al vernos, tras los troncos se escondiese;
y prosiguió: «Si de estos macilentos
vegetales un ramo cortar quieres,
se quebrarán también tus pensamientos.
Adelanta la mano y más no esperes».
Yo tronché una ramita de un endrino
y el tronco me gritó: «¿Por qué me hieres?»

Inf., XIII, 22-33


El árbol era, en efecto, la sombra de Pier delle Vigne, víctima de una de las más impresionantes metamorfosis regresivas. No lo es tanto la de carácter mineral sufrida por el ladrón Vanni Fucci, quien, al ser picado por una serpiente se convierte en un montón de ceniza, pero la sensación de angustia que produce la descripción de la caída en la naturaleza inanimada de las almas de los traidores, sumidas en el hielo del Cocito, no cede en horror a ninguna de las escenas del Infierno:


Ya estábamos —con miedo canto y mido— 
donde se ven las sombras anegadas
cual paja que en el vidrio se ha metido:
unas yacen y están otras paradas;
tienen la testa o bien los pies delante,
o los pies en los rostros, arqueadas

Inf., XXXIV, 10-15


Hemos visto cómo la escala que va del animal al mineral, pasando por el vegetal, es completa en el Infierno. Para reforzar el efecto de degradación y metamorfosis, Dante compara frecuentemente a los condenados y sus actitudes con animales y actitudes animalescas, respectivamente. Los lujuriosos son comparados con estorninos, grullas y palomas; los golosos aúllan como perros, los iracundos son como cerdos en cenagal; otros condenados se rascan como canes, uno se lame como un buey; los barateros son como las postas de carne de un guiso, o como delfines, renacuajos, ranas, nutrias o ánades. Seguimos descendiendo la pendiente infernal y uno de los ladrones se trata a sí mismo de mulo y de bestia, otro desgraciado muge, otros se desescaman como peces, etc. La impregnación de animalidad del Infierno no deja dudas sobre el sentido de las metamorfosis regresivas de quienes son a él condenados.

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