Dispettoso e torto


Chi è quel grande che non par che curi
lo 'ncendio e giace dispettoso e torto.

Infern, XIV 46-47


Dante. La Divina Commedia a fumetti, de Marcelo Toninelli


VIOLETA DÍAZ-CORRALEJO
Los gestos en la literatura medieval
Gredos, 2004. P. 163-164


Dante pregunta quién es el condenado que bajo la lluvia de fuego permanece impávido y con un gesto despreciativo y torto. Este segundo adjetivo es diversamente interpretado por la crítica. En general lo interpretan como torvo, imaginando una mirada amenazadora.

[...] Si consideramos el uso que hace el autor del adjetivo, de las once veces en que lo emplea (no contamos la que nos ocupa) sólo una lo emplea para calificar a los ojos (XXXIII 76). El resto tiene otros significados, o bien el sentido literal de cuerpo o rostro vuelto, o bien, y es el más frecuente, el sentido metafórico de «desviado, erróneo, culpable» en seis de los once usos. Parece que esto debiera aclarar el sentido del adjetivo aquí empleado: dispettoso debe referirse sobre todo al rostro, pero enlaza con torto referido al cuerpo retorcido, desviado, indicio seguro de una mente errada y culpable.

Se trata del blasfemo Capaneo que desafió al propio Zeus. Se encuentra en la zona de violencia loca, de pecados contra natura, en este caso contra Dios mismo, pecado que los paganos llamaban impiedad y los cristianos blasfemia pero que todos consideraron el más grave por atentar contra la autoridad suprema.

La interpretación alegórica que se puede atribuir al gesto es que el apetito descontrolado de gloria y honores lleva al hombre, como llevó a Capaneo, a la bestialidad, a la irracionalidad suma de desafiar a los dioses y, abandonada la virtud, caer en la impiedad y en la blasfemia, peor que cualquier animal.

Si atendemos a la afirmación de Aristóteles (Política) «sin virtud [el hombre] es el ser más impío y feroz y el peor en su lascivia y voracidad», concluimos que sin virtud, que para este autor es el control de los excesos de la pasión por la razón, el hombre cae en una animalidad peor que la de los propios animales, que siempre es natural; el hombre llega a atentar contra la naturaleza y aun contra Dios.

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