La femmina balba

Dalí, 1965


MARISOL VILLARRUBIA
Tenzone
Núm. 1, 2020

El sueño que ocupa toda la primera parte del canto XIX (Villarrubia, 1998) marca el paso de los pecados más graves (apetito irascible) a los menos graves, pero quizá más insidiosos, que son los pecados del apetito concupiscible. A través de este segundo sueño no sólo se preludian los pecados de la carne, sino que se representa el amor mediante su propio juego de ocultación y engaño, es decir, la mujer que se aparece en el sueño del poeta al igual que el amor tiene dos caras: una bella y seductora; otra deforme y repugnante. Este último aspecto brutal se corresponde con la realidad a la que conduce la desmesurada pasión amorosa fuera de este mundo terrenal.

[...] Así, el sueño del canto XIX, es un verdadero sueño “premonitorio”, representación fidedigna de lo que va a acontecer. La imagen que se representa en la imaginación de Dante, la femmina balba, es un “monstruo”. Recordemos que este tipo de apariciones muestra el significado que tiene una cosa; en nuestro canto, el significado y consecuencia de los pecados de la carne, simbolizado en el hedor que desprende el vientre de la femmina:


L’altra prendea, e dinanzi l’apria
fendendo i drappi, e mostravami ‘l ventre;
quel mi svegliע col puzzo che n’uscia.

(Purg. XIX, 31-33)


[...] El sueño de Dante sobre la femmina, sigue inmediatamente a la explicación de Virgilio sobre la génesis del amor al final del canto XVIII:


Or ti puote apparer quant’è nascosa
la veritade a la gente ch’ avvera
ciascun amor in sé laudabil cosa;
però che forse appar la sua matera
sempre esser buona, ma non ciascun segno
e buono, ancor che buona sia la cera.

(Purg. XVIII, 34-39)


Del segundo sueño despierta a Dante la pestilencia de la femmina balba. El peregrino tras despertar permanece abrumado por sus pensamientos:


L’altra prendea, e dinanzi l’apria
fendendo i drappi, e mostravami ‘l ventre;
quel mi svegliע col puzzo che n’ uscia
...
Seguendo lui, portava la mia fronte
come colui che l’ha di pensier carca,
che fa di sé un mezzo arco di ponte;

(Purg. XIX, 31-33; 40-42)


La angustia del despertar de Dante nuevamente está vinculada a lo que ha soñado (la imagen aterradora de la mujer), que a su vez es también el resultado de las reflexiones sobre las explicaciones de Virgilio. Dante personaje de nuevo es consciente de sus limitaciones intelectivas y de lo que todavía le queda por aprender.


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